Dice Dito Montiel que aprendió a hacer cine viendo películas y que cuando se le planteó llevar al cine su libro autobiográfico Una guía para reconocer a tus santos simplemente exclamó: «¡Hagámoslo!». Como todo el cine verdadero esta película rezuma la misma frescura e inocencia que se desprenden de las palabras de este director novel tan admirable. El libro, publicado en 2003, era una recreación biográfica de su infancia en Nueva York acompañado de fotografías de Bruce Webber. Hay mucho del gran fotógrafo americano en esta memorable película: muchas de sus secuencias podrían entrar perfectamente en cualquiera de los libros de la serie All-American. Este retrato de la adolescencia de Dito Montiel contiene una pasión y una poesía ciertamente insólitas. Hay varias secuencias de gran calado como la de los adolescentes observando un punto de suciedad en un cristal del metro o la escena en la que los protagonistas miran a la cámara y se presentan. Se respira en todo su metraje el hálito de cine vivo del Van Sant de Mala noche (1985) o del Clark de Kids (1995). Capítulo aparte merecen las interpretaciones de todo el reparto que bordan lo sumible (imprescindible ver en versión original) y el excepcional trabajo de Montiel a todos los niveles. Una auténtica joya. 9/10viernes, marzo 16, 2007
UNA GUÍA PARA RECONOCER A TUS SANTOS (A GUIDE TO RECOGNIZING YOUR SAINTS, 2006)
Dice Dito Montiel que aprendió a hacer cine viendo películas y que cuando se le planteó llevar al cine su libro autobiográfico Una guía para reconocer a tus santos simplemente exclamó: «¡Hagámoslo!». Como todo el cine verdadero esta película rezuma la misma frescura e inocencia que se desprenden de las palabras de este director novel tan admirable. El libro, publicado en 2003, era una recreación biográfica de su infancia en Nueva York acompañado de fotografías de Bruce Webber. Hay mucho del gran fotógrafo americano en esta memorable película: muchas de sus secuencias podrían entrar perfectamente en cualquiera de los libros de la serie All-American. Este retrato de la adolescencia de Dito Montiel contiene una pasión y una poesía ciertamente insólitas. Hay varias secuencias de gran calado como la de los adolescentes observando un punto de suciedad en un cristal del metro o la escena en la que los protagonistas miran a la cámara y se presentan. Se respira en todo su metraje el hálito de cine vivo del Van Sant de Mala noche (1985) o del Clark de Kids (1995). Capítulo aparte merecen las interpretaciones de todo el reparto que bordan lo sumible (imprescindible ver en versión original) y el excepcional trabajo de Montiel a todos los niveles. Una auténtica joya. 9/10



