Fábula futurística basada en una incursión en la literatura de ciencia-ficción de la escritora británica de novelas de misterio P.D. James, Hijos de los hombres muestra una sombría imagen de la Inglaterra de dentro de un par de décadas (en la novela la acción se situaba en 2001) en la que los humanos se han convertido en infértiles y los inmigrantes son hacinados en campos de concentración. Theo Faron (Clive Owen), un funcionario de existencia gris, es secuestrado por un grupo terrorista de apoyo a los refugiados con la intención de que facilite la documentación a una joven que, poco después descubrirá, está embarazada. Sobre el papel una película de ciencia-ficción dirigida por Alfonso Cuarón no es especialmente estimulante, teniendo en cuenta que este realizador mejicano no ha hecho una película decente desde 1998, Grandes esperanzas, pero ciertamente hay que reconocer que en esta película recobra el crédito que parecía perdido. No es que se cuente una gran historia (la narración en la que se basa es demasiado simple e inocente, y Cuarón , por otro lado, incide en ese futuro filofascista y umbrío propio del cyberpunk, subgénero a mi entender superado) ni que el escenario en el que se desarrolla sea original (28 días después [2002] del tandem Garland/Boyle parece un claro referente) ni que los actores sean especialmente brillantes, pero, sin embargo, sí que se trata de un espléndido ejercicio de estilo. El filme merece la pena por su notable montaje, y sobre todo por el magistral uso de la cámara que nos brinda dos secuencias memorables: la emboscada en el bosque rodada toda ella desde el interior del vehículo, y el tiroteo del final en la que la cámara persigue a Clive Owen. No pasará a la historia del cine de ciencia-ficción (por su maniqueo uso de lugares comunes del género) y tiene varios incovenientes graves como la pésima banda sonora que recurre a música preexistente de John Tavener (algo imperdonable habida cuenta la fiel relación de Cuarón con el excelente músico Patrick Doyle que a buen seguro podría haber creado un score de altura) pero indiscutiblemente se trata de una delicia visual de primer orden. 7/10domingo, marzo 04, 2007
Hijos de los hombres (Children of Men, 2006)
Fábula futurística basada en una incursión en la literatura de ciencia-ficción de la escritora británica de novelas de misterio P.D. James, Hijos de los hombres muestra una sombría imagen de la Inglaterra de dentro de un par de décadas (en la novela la acción se situaba en 2001) en la que los humanos se han convertido en infértiles y los inmigrantes son hacinados en campos de concentración. Theo Faron (Clive Owen), un funcionario de existencia gris, es secuestrado por un grupo terrorista de apoyo a los refugiados con la intención de que facilite la documentación a una joven que, poco después descubrirá, está embarazada. Sobre el papel una película de ciencia-ficción dirigida por Alfonso Cuarón no es especialmente estimulante, teniendo en cuenta que este realizador mejicano no ha hecho una película decente desde 1998, Grandes esperanzas, pero ciertamente hay que reconocer que en esta película recobra el crédito que parecía perdido. No es que se cuente una gran historia (la narración en la que se basa es demasiado simple e inocente, y Cuarón , por otro lado, incide en ese futuro filofascista y umbrío propio del cyberpunk, subgénero a mi entender superado) ni que el escenario en el que se desarrolla sea original (28 días después [2002] del tandem Garland/Boyle parece un claro referente) ni que los actores sean especialmente brillantes, pero, sin embargo, sí que se trata de un espléndido ejercicio de estilo. El filme merece la pena por su notable montaje, y sobre todo por el magistral uso de la cámara que nos brinda dos secuencias memorables: la emboscada en el bosque rodada toda ella desde el interior del vehículo, y el tiroteo del final en la que la cámara persigue a Clive Owen. No pasará a la historia del cine de ciencia-ficción (por su maniqueo uso de lugares comunes del género) y tiene varios incovenientes graves como la pésima banda sonora que recurre a música preexistente de John Tavener (algo imperdonable habida cuenta la fiel relación de Cuarón con el excelente músico Patrick Doyle que a buen seguro podría haber creado un score de altura) pero indiscutiblemente se trata de una delicia visual de primer orden. 7/10



