En una base militar americana se vierten una serie de productos tóxicos al rio Han de Seúl. Unos años después un monstruo mutante emerge del río sembrando el terror. El director de la brillante Crónica de un asesino en serie (2003), Bong Joong-ho, presenta este curioso filme que se encuadraría en ese subgénero asiático tan tradicional a la par que obsoleto como es el de las películas de monstruos. Al parecer la película es la más cara de la historia de Corea del Sur debido a unos más que convincentes efectos especiales y a la propia criatura que está a la altura de cualquier película estadounidense o incluso mejor. La cinta tiene un más que peculiar tono pseudo-humorístico, rayando en el rídiculo en la mayoría del metraje (ayudado por una música que a veces recurre al registro circense). Pese a este intento de distanciamiento la película comienza con una sobresaliente secuencia en la que se muestra por primera ocasión al monstruo dentro de un contexto de cotidianiedad realmente loable. Lamentablemente no hay ninguna secuencia que supere al contundente arranque (desde luego no el melifluo final) quedando como máximo interés el enfoque crítico e irónico del director que construye un interesante discurso sobre la paranoia colectiva. Una verdadera rareza que por momentos desconcierta. 6/10sábado, diciembre 09, 2006
Gwoemul (a.k.a. The Host, 2006)
En una base militar americana se vierten una serie de productos tóxicos al rio Han de Seúl. Unos años después un monstruo mutante emerge del río sembrando el terror. El director de la brillante Crónica de un asesino en serie (2003), Bong Joong-ho, presenta este curioso filme que se encuadraría en ese subgénero asiático tan tradicional a la par que obsoleto como es el de las películas de monstruos. Al parecer la película es la más cara de la historia de Corea del Sur debido a unos más que convincentes efectos especiales y a la propia criatura que está a la altura de cualquier película estadounidense o incluso mejor. La cinta tiene un más que peculiar tono pseudo-humorístico, rayando en el rídiculo en la mayoría del metraje (ayudado por una música que a veces recurre al registro circense). Pese a este intento de distanciamiento la película comienza con una sobresaliente secuencia en la que se muestra por primera ocasión al monstruo dentro de un contexto de cotidianiedad realmente loable. Lamentablemente no hay ninguna secuencia que supere al contundente arranque (desde luego no el melifluo final) quedando como máximo interés el enfoque crítico e irónico del director que construye un interesante discurso sobre la paranoia colectiva. Una verdadera rareza que por momentos desconcierta. 6/10



