El joven trotamundos Chris (Daniel Brühl) se encuentra en un país africano sin dinero y sin pasaporte. La única manera de volver a Europa es embarcarse, como polizón, en uno de los cargueros que están atracados en el puerto. Finalmente logra introducirse en el "Gull", un barco que se dirige a Marsella y que parece ocultar un secreto en su bodega. Las expectativas que provocaba este título eran ciertamente inquietantes: filme de terror, coproducción con gran presencia española (televisiones autonómicas incluidas) y reparto internacional. Los peores augurios no sólo se cumplen con contundencia sino que, además, Cargo se convierte en una merecida candidata a la película más absurda y atroz de los últimos tiempos. Nada se salva en esta catastrofe: el director, un realizador de documentales británico de nombre Clive Gordon, encadena despropósito tras despropósito incapaz de sacar nada en claro de un aburrido y confuso guión de Paul Laverty, habitual guionista de Ken Loach (¿?). Los interpretaciones de los actores, pese a algún nombre de cierto prestigio, son pésimas (especialmente la de Daniel Brühl, actor sin entidad alguna, y que provoca antipatía en el espectador a los pocos segundos de aparecer en pantalla). En definitiva un bodrio inimaginable del que deberían huir, especialmente, los aficionados al género de terror y similares ya que se sentirán estafados. 1/10miércoles, agosto 09, 2006
Cargo (2006)
El joven trotamundos Chris (Daniel Brühl) se encuentra en un país africano sin dinero y sin pasaporte. La única manera de volver a Europa es embarcarse, como polizón, en uno de los cargueros que están atracados en el puerto. Finalmente logra introducirse en el "Gull", un barco que se dirige a Marsella y que parece ocultar un secreto en su bodega. Las expectativas que provocaba este título eran ciertamente inquietantes: filme de terror, coproducción con gran presencia española (televisiones autonómicas incluidas) y reparto internacional. Los peores augurios no sólo se cumplen con contundencia sino que, además, Cargo se convierte en una merecida candidata a la película más absurda y atroz de los últimos tiempos. Nada se salva en esta catastrofe: el director, un realizador de documentales británico de nombre Clive Gordon, encadena despropósito tras despropósito incapaz de sacar nada en claro de un aburrido y confuso guión de Paul Laverty, habitual guionista de Ken Loach (¿?). Los interpretaciones de los actores, pese a algún nombre de cierto prestigio, son pésimas (especialmente la de Daniel Brühl, actor sin entidad alguna, y que provoca antipatía en el espectador a los pocos segundos de aparecer en pantalla). En definitiva un bodrio inimaginable del que deberían huir, especialmente, los aficionados al género de terror y similares ya que se sentirán estafados. 1/10



