Mucha expectación despertaba la última película de Woody Allen tras ser calificada por más de uno como su mejor película en veinte años, lo que no es ciertamente difícil. Por una vez Allen se aparta de la comedia rancia que nos suele ofrecer regularmente y se adentra en el terreno del drama con tintes, la segunda hora de metraje, de thriller a la Hitchcock. Chris Wilton (Jonathan Rhys-Meyers) es un antiguo tenista profesional que consigue trabajo como profesor de tenis en un exclusivo club de Londres. Allí tendrá como alumno a Tom Hewett (Matthew Goode), un joven acaudalado, con el que entablará una amistad. En una función de ópera conocerá a la familia de Tom y poco después comenzará una relación con la hermana aunque se sentirá atraido por la joven novia de su amigo (Scarlett Johansson) lo que desencadenará en una serie de sucesos impredecibles. La primera parte de la película es bochornosa, una serie de citas literarias de obscena evidencia, unos cuantos tópicos sobre el arribismo y el ascenso social, un par de secuencias de sexo rodadas con una torpeza pueril, y los típicos diálogos huecos de Allen. Destaca sobre todo la aparición de Scarlett Johansson, en una secuencia que supuestamente pretende presentar a una fascinante joven y que, gracias a la pericia del director, queda reducida a una risible escena en la que la anodina actriz nos muestra sus artes de calientabraguetas. La segunda parte es, al menos, más entretenida aunque los personajes están tan mal construidos que el giro del argumento es completamente incoherente. Por lo menos la interpretación de Rhys-Meyer está bastante por encima de esta vaciedad. En conclusión estamos ante un mediocre filme que sólo interesará a los que siguen creyendo que Allen es uno de los grandes cineastas de todos los tiempos, si es que queda alguno. 3/10miércoles, noviembre 09, 2005
Match Point (2005)
Mucha expectación despertaba la última película de Woody Allen tras ser calificada por más de uno como su mejor película en veinte años, lo que no es ciertamente difícil. Por una vez Allen se aparta de la comedia rancia que nos suele ofrecer regularmente y se adentra en el terreno del drama con tintes, la segunda hora de metraje, de thriller a la Hitchcock. Chris Wilton (Jonathan Rhys-Meyers) es un antiguo tenista profesional que consigue trabajo como profesor de tenis en un exclusivo club de Londres. Allí tendrá como alumno a Tom Hewett (Matthew Goode), un joven acaudalado, con el que entablará una amistad. En una función de ópera conocerá a la familia de Tom y poco después comenzará una relación con la hermana aunque se sentirá atraido por la joven novia de su amigo (Scarlett Johansson) lo que desencadenará en una serie de sucesos impredecibles. La primera parte de la película es bochornosa, una serie de citas literarias de obscena evidencia, unos cuantos tópicos sobre el arribismo y el ascenso social, un par de secuencias de sexo rodadas con una torpeza pueril, y los típicos diálogos huecos de Allen. Destaca sobre todo la aparición de Scarlett Johansson, en una secuencia que supuestamente pretende presentar a una fascinante joven y que, gracias a la pericia del director, queda reducida a una risible escena en la que la anodina actriz nos muestra sus artes de calientabraguetas. La segunda parte es, al menos, más entretenida aunque los personajes están tan mal construidos que el giro del argumento es completamente incoherente. Por lo menos la interpretación de Rhys-Meyer está bastante por encima de esta vaciedad. En conclusión estamos ante un mediocre filme que sólo interesará a los que siguen creyendo que Allen es uno de los grandes cineastas de todos los tiempos, si es que queda alguno. 3/10



