Audition (1999), Visitor Q (2001), Ichi the killer (2001) son películas notables, gracias a las cuales Takashi Miike es un director cada vez más conocido en España. Como otros directores orientales su género es el terror aunque también rueda interesantes filmes de samurais o yakuza. Llamada perdida no es de lo mejor de este discípulo de Imamura amante del bizarro. Se trata de una película deudora del éxito de The ring (1998), cinta que ha hecho del horror japonés un fenómeno mundial. Como aquella la película de Miike se ha estrenado en todo el mundo, en cines o diréctamente en vídeo. Y la internacionalidad del producto se nota. Se intenta borrar de la producción el localismo. No hay referencias a la cultura japonesa. La caracterización, el diseño de producción remiten a ninguna parte. Es una de esas películas que pueden manofacturarse igual en Tokio que en Amsterdam. Sin embargo otras virtudes compensan la neutralidad del producto. Sorprende la profesionalidad del director. Su capacidad de aguantar la historia hasta el final. A diferencia de sus desmayados homólogos norteamericanos que sólo se dejan la piel en proyectos personales y desprecian el cine de encargo, Miike apechuga y construye un clímax en vez de una serie de golpes de efecto. Llamada perdida resulta muy superior a la lamentable La maldición (2005) de Wes Craven ya comentada en este blog. 5/10 (Por fhbarral)sábado, noviembre 26, 2005
Llamada perdida (Chakushin ari, 2003)
Audition (1999), Visitor Q (2001), Ichi the killer (2001) son películas notables, gracias a las cuales Takashi Miike es un director cada vez más conocido en España. Como otros directores orientales su género es el terror aunque también rueda interesantes filmes de samurais o yakuza. Llamada perdida no es de lo mejor de este discípulo de Imamura amante del bizarro. Se trata de una película deudora del éxito de The ring (1998), cinta que ha hecho del horror japonés un fenómeno mundial. Como aquella la película de Miike se ha estrenado en todo el mundo, en cines o diréctamente en vídeo. Y la internacionalidad del producto se nota. Se intenta borrar de la producción el localismo. No hay referencias a la cultura japonesa. La caracterización, el diseño de producción remiten a ninguna parte. Es una de esas películas que pueden manofacturarse igual en Tokio que en Amsterdam. Sin embargo otras virtudes compensan la neutralidad del producto. Sorprende la profesionalidad del director. Su capacidad de aguantar la historia hasta el final. A diferencia de sus desmayados homólogos norteamericanos que sólo se dejan la piel en proyectos personales y desprecian el cine de encargo, Miike apechuga y construye un clímax en vez de una serie de golpes de efecto. Llamada perdida resulta muy superior a la lamentable La maldición (2005) de Wes Craven ya comentada en este blog. 5/10 (Por fhbarral)



